El amor es cosa de otro planeta

El amor es cosa de otro planeta

miércoles, 18 de enero de 2012

Parte II Capítulo I "El amor es cosa de otro planeta"

Holasss!! 
Hoy traigo la segunda parte del Capítulo I de "El amor es cosa de otro planeta", he estado sin internet hasta ahora por eso, no he colgado antes la entrada y no he respondido a sus comentarios.
Agradezco a todas las personas que han leído la primera parte y que han dejado sus comentarios, Gracias!! por el afecto, por el tiempo que se toman para pasar por aquí y sobre todo por el apoyo que me brindan. 
Un beso enorme y ahora les dejo con la continuación, espero sea de su agrado.

Han pasado un par de horas y un par de trenes hasta sentir la voz de mi padre.
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–¡¡Verónica, hija!! ¿Hace mucho que esperas? Lo siento se me ha pasado el horario, ya sabes.
Mi padre se acerca a mí con paso largo y los brazos extendidos. Ha adelgazado desde la última vez que lo ví, tiene una barba de varios días, y el pelo revuelto, con sus jeans desgastados y su aire bohemio, lo abrazo fuerte.
–¡Hola papá! – Digo sonriendo.
–¡Estás hecha una mujer! Estás muy linda, déjame que te vea – Toma mi mano y me hace dar una vuelta, me siento ridícula, lo hace siempre, cada vez que nos vemos después de un largo tiempo. Sonrío.
Recogemos mis cosas y nos dirigimos al parking donde había aparcado.
Su coche es pequeño y bastante viejo, pero todavía puede llevarnos del pueblo hasta la casa.
–¿Qué tal ha estado el viaje? ¿Estás cansada? – Pregunta mi padre un poco nervioso.
–Todo bien papá, el viaje tranquilo, estoy un poco cansada pero ya tendré tiempo de descansar todo el verano … ¡Oh sí! Antes que me olvide, Carlos te envía saludos al igual que mamá.
–Ah... gracias y … ¿Cómo están?
–Bien como siempre, se van de vacaciones al mar.
–Si me lo dijo tu madre cuando me llamó para confirmarme el día que venías. Quiero que sepas que me hace muy feliz tu visita y que me gustaría que nos vieramos más a menudo.
Este último tiempo he estado demaciado ocupado con mi trabajo, pero tenemos que hacer algun viaje juntos, será divertido.
–Si papá no te preocupes... – Respondo mientras apoyo mi cabeza en el cristal de la ventanilla del viejo coche, aquel paisaje me parece tan diferente, algo dentro mío me hace presagiar que aquel verano sera muy diferente a todos los que he pasado allí.
La relación con mi padre es buena, pero eso no cambia el hecho de que yo soy una adolescente y él como muchos padres no está preparado para ésta fase de mi vida.
Tengo el presentimiento de que éstas vacaciones van a ser las mejores de toda mi vida, pienso expectante.
El aire electrizado, altera todas las terminaciones nerviosas de mi cuerpo que están alerta, no veo las horas de llegar a casa.
El paisaje que se dibuja en la ventanilla del coche, es el de un pueblo pequeño con pocos habitantes, aquellos en los que en verano se triplica el número de personas presente en él.
Atravesamos sus calles casi en silencio, aquello no ha cambiado mucho o mejor dicho casi nada desde la última vez que he estado aquí.
La tarde está cayendo y poco a poco las luces de las calles inician a encenderse.
Dejamos atrás el grupo de casas, cruzamos el puente de madera suspendido a gran altura sobre un caudaloso río y por una carretera estrecha nos internamos en la montaña. Iniciamos a subir: primero una curva, luego otra y más allá otra más.
De un lado del camino bordeamos la montaña, el bosque tupido se extiende más arriba y para el otro lado, un abismo; abajo el río ruge, enfurecido golpeando en enormes rocas y serpentenado por la garganta de piedra formada por sus dos margenes.
–El río lleva mucha agua …
–Mmm, si ha estado lloviendo mucho estos últimos días, esperemos que las próximas semanas nos acompañe el sol.
–Esperemos … – deseo no solo que el tiempo sea bueno, sino también poder aprovecharlo al máximo posible. Tengo planes para con Javier, quiero probar el brívido de la montaña , quizá hacer rafting en los rápidos del río. El presentimiento de que las cosas serían diferentes me apremiaba.
Pasaron un par de minutos más y salimos del camino principal, nos internamos en un callejón que nos conducía a la casa, allí está, se alza delante de nosotros, es más pequeña de lo que recordaba (o yo he crecido, cuando somos niños todo nos parece tan grande... ).
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Bajamos del coche, mi padre se adelanta a bajar mi maleta y nos dirigímos hacia ella, el caminito de piedra rodeado de violetas sigue intacto, más allá la galería llena de plantas que ha puesto mi madre, todavía están vivas en flor, adornando con sus colores.
Las maderas, crugieron al poner mi pie en el escalón para subir a la galería, mi padre se adelanta para abrir la puerta.
–¡Bienvenida princesa!!, estás en casa …
Esbozo una sonrisa entre dientes, la verdad no me siento muy feliz en este momento. La casa me trae tántos recuerdos, pero ahora los siento muy lejanos. La melancolía me invade.
Cuando entro, me inunda el olor a madera, ese olor que no puedo remover de mi memoria, cierro los ojos y me siento niña otra vez, luego paseo mi mirada por la habitación, las cosas siguen en su lugar, como si el tiempo no hubiese pasado, como si mi padre no quisiera dejarnos marchar.
La puerta de calle da a una pequeña antesala; de un lado se puede acceder a la cocina y del otro al salón. En frente las escaleras que comunican a las habitaciones en el piso de arriba.
Las paredes tapizadas de libros, el suelo de parquet, cubierto por grandes alfombras coloridas, más allá el salón, el gran sofá de piel marrón, el televisor debajo de la ventana que da a la galeria y detrás la mesa del comedor en la que se comía cuando teníamos invitados y el mueble de la cristalería que le había dejado mi abuela a mi padre, en el extremo opuesto de la entrada al salón, la puerta que conduce al estudio, supongo que continuaba tal y cual era tiempo atrás, su escritorio orientado a una gran ventana desde la cual se ve el bosque, el pc y un equipo de música, mi padre ama escribir escuchando música.
Paso al salón y me dejo caer en el sofá. Todos los veranos es lo mismo. Pero de una u otra forma, me siento bien en este lugar.
–¿Tienes hambre? Preparo la cena y luego si quieres puedes irte a la cama a descansar. – Dice mi padre con una amplia sonrisa en su rostro, mientras se dirige a la cocina, depositando las maletas en al pie de las escaleras
–Gracias papá, ¿Te ayudo?...
Pongo la mesa, ayudo a mi padre a prepar las salchichas con el puré "artificial" que tiene en la alacena y cenamos sin tantos comentarios, él tampoco es una persona que habla demasiado. Pero para mi siempre estuvo cuando lo necesité, como padre no tengo quejas, ambos hicieron lo que pudieron, eran muy jóvenes cuando me tuvieron y no los culpo si la vida juntos no funcionó.
–Cuando terminamos te llevo tus cosas a tu habitación, está como la última vez que estuviste, la verdad no he tenido tiempo de llamar a nadie para que limpiara un poco la casa, como te he dicho antes voy muy atrasado con mi trabajo, lo que no me permite mucho tiempo libre, pero haré todo lo que esté a mi alcance para pasar el mayor tiempo posible contigo.
–Gracias papá, no te preocupes, me alegra poder estar aquí contigo. – Levanto el plato de la mesa y me arrastro lentamente hasta mi habitación, el viaje había sido largo, después la espera en la estación y luego los recuerdos, no me quedan ganas de entablar conversación, sé que mi padre tarde o temprano se interesará de mi vida privada (chicos, colegio, etc) y en estos momentos no me siento con fuerzas para afrontar el argumento.
Un abrazo y un beso, el camino hacia mi habitación fue largo, subo las escaleras, cuando llego a la puerta, está entreabierta, todavía cuelga del picaporte el lazo rosa que le ha puesto mi madre el día que supo que iba a tener una niña (al menos eso era lo que me habían contado).
Levanto mi mano y con un empujón la puerta se abre ruidosamente de par en par, mostrándome mi habitación tal y cual la recuerdo, los peluches en las estanterías, la cama con el edredón con fondo blanco y rosas rojas y los almohadones multicolores coronando el respaldo.
La gran ventana da al fondo de la casa, me asomo y veo que reina la más pura oscuridad, no se sienten los ruidos de los coches, (no es que abundaran aquí) ni tampoco se ven luces cercanas, los vecinos distan varios kilómetros los unos de los otros, fuera del pueblo.
Abro la ventana y entra la fresca brisa nocturna, el rumor del bosque se cuela en mis oídos.
Me dirijo a mi cama, me acerco al borde y me desplomo, hundiendo mi cara en la almohada, huele a suavizante, esta recién cambiada. Mi padre toca la puerta.
–Aquí estan tus cosas, si te quieres hacer un baño te he dejado toallas limpias.
–Gracias papá … – Caigo en el sopor del sueño y me dejo llevar …




4 comentarios:

Syre Farfalla dijo... [Responder]

Fantástico! *-* he sentido que voy detrás de Verónica a cada instante, lástima no ser de Argentina y tener un original firmado. Pero espero, cuando esté más grande, visitar Argentina y poder hacerme de uno ^o^ ~ Felicidades por tu trabajo! <3

Danisa dijo... [Responder]

Hola Syre Farfalla!! Bienvenida y muchas gracias por tu comentario y por participar en el blog ^^.
Gracias por tus lindas palabras un beso ya hora me paso por tu blog ^^

Judith dijo... [Responder]

Un capitulo con muchos recuerdos, es bueno conocer su historia, nos vamos haciendo una idea de su entorno, muy lindas las descripciones, muy bueno !!
Besos

Danisa dijo... [Responder]

Gracias, sí esa es la idea introducirnos en su vida y conocer mas de ella ^^. GRacias por pasarte y leer el Capitulo I de El amor es cosa de otro planeta parte II
Besitos!!

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